sábado, 15 de junio de 2019



Espacio- tiempo y lugar  en las escuelas rurales.




”Yo he preferido hablar de cosas imposibles
porque de lo posible se sabe demasiado”

Silvio Rodríguez, Resumen de noticias, 1970.



A finales del S XX, el sociólogo español Manuel Castells, publica una obra en tres volúmenes llamada: “La era de la información”. En ella visibiliza en clave contemporánea distintos conceptos o categorías de análisis que se redibujan a la luz de esta, nuestra era global. Entre ellos, la idea de tiempo, espacio y lugar.
Direcciona su análisis hacia las ciudades y las mega ciudades, pero estas líneas intentarán por proyección o por oposición llevarlas al plano de la ruralidad.
Y es que la ciudad, no es lo que parece. Más que un lugar, plantea Castells, es un proceso: “Un proceso mediante el cual los centros de producción y consumo de servicios avanzados y sus sociedades locales auxiliares, se conectan en una red global en virtud de los flujos de información, mientras a las vez restan importancia a las conexiones con sus entornos territoriales” (Castells, Vol. I, p.419).
 Bajo esta afirmación nos detendremos en los conceptos de lugares, flujos, procesos y conexiones.
Los flujos, para Castells, son secuencias de intercambio e interacción entre posiciones que mantienen los actores sociales entre las estructuras económicas, políticas y simbólicas de la sociedad (Castells, Vol.I, p.445). Los flujos se relacionan con los fluidos de información y conocimiento que deciden, influyen, modelan y orientan de forma dominante los sectores más importantes de la economía, de la política y la cultura mundial, influyendo directamente en el desarrollo y la vida de las sociedades y poblaciones conectadas y no conectadas.
“Son los nodos de la economía global y concentran las funciones superiores de dirección, producción y gestión en todo el planeta; el control de los medios de comunicación; el poder de la política real y la capacidad simbólica de crear y difundir mensajes. Lo más significativo de las mega ciudades es que se conectan en el exterior con redes globales y segmentos de sus propios países, mientras que están desconectadas en su interior de las poblaciones locales que son funcionalmente innecesarias o perjudiciales socialmente  desde el punto de vista dominante. (Castells, Vol.I pp. 437-438).
Se genera así un espacio dominante y determinante que no es necesariamente un lugar. La ciudad global entonces, deviene en un espacio o proceso constituido por sus conexiones, algo bien distinto a un lugar específico. Y aquí deberemos citar nuevamente a Castells al realizar tal diferenciación entre espacio y lugar. Al referirse a espacio como aquel donde se comparte flujo de información, tiempo de información porque es tiempo de simultaneidad, no necesariamente se comparte lugar, entendido este como “la localidad donde estamos contiguos, donde nos encontramos, nos vemos e interactuamos”. Si bien el lugar no es para Castells necesariamente una comunidad, puede ayudar a construirla. En el lugar se interactúa con los otros y con el ambiente; el lugar tiene funciones para quienes lo usan y por ende tiene diferentes usos: en el lugar las personas se expresan. El lugar es una mediación entre el hogar y el mundo. (Castells, VolI, p. 458). Es un espacio para la vida cotidiana colectiva. Y es territorio en tanto es el resultado de una historia colectiva dada por sus habitantes.
En este contexto, de flujos, de información, de espacios y lugares  parece fácil inferir en qué rincón aplazado pareciera estar el tiempo. Y es que la tecnología moderna al tratar de “vencer” al tiempo, en ese estrépito flujo de conocimiento, en ese espacio ensordecedor, se desentiende de él. Tiempo y espacio rompen su dependencia de antaño y el flujo entre los espacios se inscribe en un tiempo  atemporal que borra la secuencialidad, el respeto por los ciclos y “mata” al tiempo con la simultaneidad. Y es que ya no hay, plantea Castells, una secuencia a la que atenerse: el día es igual a la noche, el ayer o mañana se difuminan ante el tiempo “virtual”. ¿Qué es hoy la idea de progreso sino la de que cada vez se vivirá mejor y no la de acumular experiencia y sabiduría como un privilegio?
Pero a pesar de la seductora ofrenda de hiperconectividad que se nos ofrece…
“La gente sigue viviendo en lugares. Pero como en nuestras sociedades la función y el poder se organizan en el espacio de los flujos, el dominio estructural de su lógica altera de forma esencial el significado y la dinámica de aquellos. La experiencia al relacionarse con los lugares, se abstrae del poder, y el significado se separa cada vez más del conocimiento. La consecuencia es una esquizofrenia estructural entre dos lógicas espaciales que amenaza con romper los canales de comunicación de la sociedad. La tendencia dominante apunta hacia un horizonte de un espacio de flujos interconectado y a histórico que pretende imponer su lógica sobre lugares dispersos y segmentados, cada vez menos relacionados entre si y cada vez menos capaces de compartir códigos culturales y físicos entre estas dos formas de espacios. Quizá nos dirijamos hacia una vida en universos paralelos, cuyos tiempos no pueden coincidir porque están urdidos en dimensiones distintas de un hiperespacio social” (Castells, Vol. I, pp. 461-462.
Más adelante referenciaremos esa tendencia dominante que mencionaba Castells, porque ahora nos atreveremos a situar a la escuela rural en el lugar y no en el espacio. En su lugar, por momentos, por períodos alejada de esos espacios de flujo y tan cercana a los lugares tan vitales, tan humanos. Podríamos detenernos en su necesaria conectividad, es cierto. Podríamos llenar de más,  la lógica hiperconectada de la ciudad, también es cierto, pero preferimos hablar de cosas imposibles porque de lo posible se sabe demasiado como encabeza el texto y abrazar la idea de que la escuela rural sigue siendo una sublime excusa para construir y reconstruir territorio e identidad de resistencia que quiebre la lógica de los espacios de flujo. Porque hay un campo literal y metafórico que parece pedir a gritos una siembra amorosa, porque todavía es  lugar, porque es territorio que aguarda en  silencio nuestra escucha para conversar, para crear, para recuperar, para reinventar. Para desde aquí determinar y saber con certeza cuál es nuestro lugar en el mundo. Ese lugar al que refiere Castells, concebido y generado lejos de la influencia de los espacios de flujo. Por lo menos en el pensar y no necesariamente desde el habitar. Porque no todo es información, porque las tendencias dominantes se tuercen ante la fuerza de los proyectos colectivos o individuales, pero generadores de ecos; porque hay simultaneidades  que se paralizan ante la sublevación de la  magia de lo humano, de la celebración de la vida misma y de su propia conciencia.




"...Ocurrió cuando nadie lo esperaba. En un mundo presa de la crisis económica, el cinismo político, la vaciedad cultural y la desesperanza, simplemente ocurrió. Conectadas a través de las redes sociales de Internet, las personas empezaron a agruparse en esos espacios de autonomía y, desde la seguridad del ciberespacio, pasaron a ocupar las calles y a elaborar proyectos ligados a sus verdaderas preocupaciones, por encima de las ideologías y de los intereses dominantes, reclamando su derecho a hacer historia.”
"Redes de Indignación y Esperanza" (Castells, 2012)

Web y bibliografía:
·         “Espacio, tiempo y lugares en las sociedades globales según Manuel Castells. Rojas, Alberto. Revista Praxis 57-2004.
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