Espacio- tiempo y lugar en las escuelas rurales.
”Yo he preferido hablar
de cosas imposibles
porque de lo posible se
sabe demasiado”
Silvio Rodríguez,
Resumen de noticias, 1970.
A finales del S XX, el sociólogo español
Manuel Castells, publica una obra en tres volúmenes llamada: “La era de la
información”. En ella visibiliza en clave contemporánea distintos conceptos o
categorías de análisis que se redibujan a la luz de esta, nuestra era global.
Entre ellos, la idea de tiempo, espacio y lugar.
Direcciona su análisis hacia las ciudades
y las mega ciudades, pero estas líneas intentarán por proyección o por
oposición llevarlas al plano de la ruralidad.
Y es que la ciudad, no es lo que parece.
Más que un lugar, plantea Castells, es un proceso: “Un proceso mediante el cual
los centros de producción y consumo de servicios avanzados y sus sociedades
locales auxiliares, se conectan en una red global en virtud de los flujos de
información, mientras a las vez restan importancia a las conexiones con sus entornos
territoriales” (Castells, Vol. I, p.419).
Bajo esta afirmación nos detendremos en los
conceptos de lugares, flujos, procesos y conexiones.
Los flujos, para Castells, son secuencias
de intercambio e interacción entre posiciones que mantienen los actores
sociales entre las estructuras económicas, políticas y simbólicas de la
sociedad (Castells, Vol.I, p.445). Los flujos se relacionan con los fluidos de
información y conocimiento que deciden, influyen, modelan y orientan de forma
dominante los sectores más importantes de la economía, de la política y la cultura
mundial, influyendo directamente en el desarrollo y la vida de las sociedades y
poblaciones conectadas y no conectadas.
“Son los nodos de la economía global y
concentran las funciones superiores de dirección, producción y gestión en todo
el planeta; el control de los medios de comunicación; el poder de la política
real y la capacidad simbólica de crear y difundir mensajes. Lo más
significativo de las mega ciudades es que se conectan en el exterior con redes
globales y segmentos de sus propios países, mientras que están desconectadas en
su interior de las poblaciones locales que son funcionalmente innecesarias o
perjudiciales socialmente desde el punto
de vista dominante. (Castells, Vol.I pp. 437-438).
Se genera así un espacio dominante y
determinante que no es necesariamente un lugar. La ciudad global entonces,
deviene en un espacio o proceso constituido por sus conexiones, algo bien
distinto a un lugar específico. Y aquí deberemos citar nuevamente a Castells al
realizar tal diferenciación entre espacio y lugar. Al referirse a espacio como
aquel donde se comparte flujo de información, tiempo de información porque es
tiempo de simultaneidad, no necesariamente se comparte lugar, entendido este
como “la localidad donde estamos contiguos, donde nos encontramos, nos vemos e
interactuamos”. Si bien el lugar no es para Castells necesariamente una
comunidad, puede ayudar a construirla. En el lugar se interactúa con los otros
y con el ambiente; el lugar tiene funciones para quienes lo usan y por ende
tiene diferentes usos: en el lugar las personas se expresan. El lugar es una
mediación entre el hogar y el mundo. (Castells, VolI, p. 458). Es un espacio
para la vida cotidiana colectiva. Y es territorio en tanto es el resultado de
una historia colectiva dada por sus habitantes.
En este contexto, de flujos, de
información, de espacios y lugares parece fácil inferir en qué rincón aplazado
pareciera estar el tiempo. Y es que la tecnología moderna al tratar de “vencer”
al tiempo, en ese estrépito flujo de conocimiento, en ese espacio ensordecedor,
se desentiende de él. Tiempo y espacio rompen su dependencia de antaño y el
flujo entre los espacios se inscribe en un tiempo atemporal que borra la secuencialidad, el
respeto por los ciclos y “mata” al tiempo con la simultaneidad. Y es que ya no
hay, plantea Castells, una secuencia a la que atenerse: el día es igual a la
noche, el ayer o mañana se difuminan ante el tiempo “virtual”. ¿Qué es hoy la
idea de progreso sino la de que cada vez se vivirá mejor y no la de acumular
experiencia y sabiduría como un privilegio?
Pero a pesar de la seductora ofrenda de
hiperconectividad que se nos ofrece…
“La gente sigue viviendo en lugares. Pero
como en nuestras sociedades la función y el poder se organizan en el espacio de
los flujos, el dominio estructural de su lógica altera de forma esencial el
significado y la dinámica de aquellos. La experiencia al relacionarse con los
lugares, se abstrae del poder, y el significado se separa cada vez más del
conocimiento. La consecuencia es una esquizofrenia estructural entre dos
lógicas espaciales que amenaza con romper los canales de comunicación de la
sociedad. La tendencia dominante apunta hacia un horizonte de un espacio de
flujos interconectado y a histórico que pretende imponer su lógica sobre
lugares dispersos y segmentados, cada vez menos relacionados entre si y cada
vez menos capaces de compartir códigos culturales y físicos entre estas dos
formas de espacios. Quizá nos dirijamos hacia una vida en universos paralelos,
cuyos tiempos no pueden coincidir porque están urdidos en dimensiones distintas
de un hiperespacio social” (Castells, Vol. I, pp. 461-462.
Más adelante referenciaremos esa tendencia
dominante que mencionaba Castells, porque ahora nos atreveremos a situar a la
escuela rural en el lugar y no en el espacio. En su lugar, por momentos, por
períodos alejada de esos espacios de flujo y tan cercana a los lugares tan
vitales, tan humanos. Podríamos detenernos en su necesaria conectividad, es
cierto. Podríamos llenar de más, la
lógica hiperconectada de la ciudad, también es cierto, pero preferimos hablar
de cosas imposibles porque de lo posible se sabe demasiado como encabeza el
texto y abrazar la idea de que la escuela rural sigue siendo una sublime excusa
para construir y reconstruir territorio e identidad de resistencia que quiebre
la lógica de los espacios de flujo. Porque hay un campo literal y metafórico
que parece pedir a gritos una siembra amorosa, porque todavía es lugar, porque es territorio que aguarda
en silencio nuestra escucha para
conversar, para crear, para recuperar, para reinventar. Para desde aquí
determinar y saber con certeza cuál es nuestro lugar en el mundo. Ese lugar al
que refiere Castells, concebido y generado lejos de la influencia de los
espacios de flujo. Por lo menos en el pensar y no necesariamente desde el
habitar. Porque no todo es información, porque las tendencias dominantes se
tuercen ante la fuerza de los proyectos colectivos o individuales, pero
generadores de ecos; porque hay simultaneidades
que se paralizan ante la sublevación de la magia de lo humano, de la celebración de la
vida misma y de su propia conciencia.
"...Ocurrió cuando nadie lo esperaba. En un mundo presa de la crisis económica, el cinismo político, la vaciedad cultural y la desesperanza, simplemente ocurrió. Conectadas a través de las redes sociales de Internet, las personas empezaron a agruparse en esos espacios de autonomía y, desde la seguridad del ciberespacio, pasaron a ocupar las calles y a elaborar proyectos ligados a sus verdaderas preocupaciones, por encima de las ideologías y de los intereses dominantes, reclamando su derecho a hacer historia.”
"Redes de
Indignación y Esperanza" (Castells, 2012)
Web y bibliografía:
·
“Espacio, tiempo y lugares en las
sociedades globales según Manuel Castells. Rojas, Alberto. Revista Praxis
57-2004.
·
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