Escuelas Rurales
productivas
Hace algunos días, insistía extrañamente en
entrar al salón de clases una Viudita Blanca. Golpeaba contra el vidrio sin
éxito, intentando escudriñarse en la intimidad y en el calor escolar silencioso,
casi imperceptible apenas bajo el murmullo de un puñadito de túnicas de su
mismo color.
Cuenta la leyenda, que vaga en busca de un amor
fugitivo, como un alma en pena, a la espera de recobrar su utopía, aquella que
le devuelva la esperanza….
La especificidad de los asuntos pedagógicos
rurales a nivel nacional y desde el punto de vista oficial, ya podemos situarla
en el Programa para Escuelas Rurales del año 1917, impulsado y materializado
bajo la gestión de Don José Pedro Varela. Ya en él, se sostenía esta doble
especificidad de la escuela rural: Por un lado, la acción directa que debe
ejercer sobre el alumno y por otra, la acción indirecta sobre los hogares. Esta
acción indirecta se refiere ni más ni menos a ese carácter e importancia social
que tenía la escuela de otrora, pero por supuesto, la que continúa teniendo en
la actualidad. Doble carácter que luego es recogido por un nuevo Programa para Escuelas Rurales en el
año 1949, específicamente explicitado en
su apartado:”Fundamentos, conceptos y fines”.
Fruto de una larga y riquísima discusión
pedagógica en torno a la ruralidad, su naturaleza y sus problemas, que comienza en la década del 30 y que genera
una vasta producción tanto teórica como práctica de la historia y por ende de
la identidad de nuestra escuela rural, fundadora del pensamiento pedagógico
nacional, intrínsecamente vinculado a la ruralidad, en este programa se plasman
muchas de las ideas generadas por maestros rurales de enorme talla tales como
Agustín Ferreiro, María Espínola, Espínola, Miguel Soler y tantos otros que
bajo su participación en congresos o en concursos de carácter pedagógico
conformaron el pensamiento pedagógico nacional. Esa fermentada y profunda
discusión sostenida en el marco de una oficialidad que acompañaba esa época
próspera y creativa, que tomaba autores lejanos, si, pero a los que se les
impregnaba caracteres propios de nuestra ruralidad, posibilitaba su existencia,
su desarrollo, pero sobre todo su prosperidad, su alcance, su arraigo, su vital
significancia.
Esa riqueza teórica entonces se ve plasmada en
acciones concretas como lo que fue el Programa sí, pero también el desarrollo
de experiencias territoriales tales como: Las misiones Socio-pedagógicas, el
Núcleo Experimental de la Mina, las Escuelas Granjas y son en éstas últimas
experiencias donde invitamos a detenernos para pensar en torno a dos conceptos,
sin dejar de invitar a conocer la obra de quienes llevaron a cabo todas las
experiencias concretas en territorio dado su extenso y prolífero trabajo en la
historia de la ruralidad. Pedimos disculpas por esa omisión y por el recorte de
conceptos que realizaremos para abordarlos en tratamiento.
Al referirnos al desarrollo de las Escuelas
Granjas en nuestro país, debemos referenciar al maestro Agustín Ferreiro. En su
obra: “La enseñanza primaria en el medio rural”; señala dos aspectos que serán
recogidos en el Programa de 1949. Uno tiene que ver con el radio de acción de
la escuela rural. Este pedagogo sostenía que alumno es todo aquel que vive a
menos de 5 km de la escuela pues éste se ve influido por el accionar de la
escuela y viceversa; todo lo que en la escuela acontece, repercute en la vida
de aquel que habite en sus cercanías, tenga éste la edad que tenga.
Por otra parte, aparece también en esta obra el
concepto de Escuela Productiva, concepto que refiere a la idea de que escuela
productiva no solo será aquella que está llamada a cumplir los cometidos
propios de su naturaleza fundacional, sino también aquella llamada a: (…)
Elevar en cantidad y calidad la producción granjera de la zona. (…) Claro que
para ello, se contaba con una estructura material que la hiciese sustentable.
El programa de 1949 recoge y plasma esta idea
afirmando: (…) “La escuela no será productiva si la producción se entiende como
exclusiva creación de bienes económicos. Será productiva en cambio, si la
producción se entiende como trabajo educativo y socialmente útil y pueda crear
beneficios materiales para los alumnos” Y más adelante continúa: (…) El sentido
que damos a esta expresión implica eliminación de toda tendencia hacia el
trabajo por y para la producción exclusivamente. En el trabajo educativo la
primera producción que se exige es el aporte educacional, sin prejuicio de que
los productos materiales de ese trabajo se aprovechen en beneficio de los niños
y del vecindario”.
Por supuesto…Él está allí… el acto educativo;
no exclusivamente solo en el gallinero, ni en la huerta, ni en el chiquero.
Tampoco en el invernáculo, ni en el humedal, ni en el lumbricario; no se
esconde sólo en el laboratorio de la cocina, ni en el biodigestor, ni en la
abonera orgánica; pero sin ellos, tampoco puede existir, o mejor dicho
coexistir, porque para que la escuela rural sea productiva faltan ellos, pero
falta el maestro, asumiendo con entereza y conciencia si ese es el camino que
quiere transitar. Y sin dudas, que si esa es su decisión pedagógica, el vecino,
es decir, el alumno, lo acompañará seguramente al galope quizá de más de 5 km
para llegar a la escuela si ella lo llama, pero…
Refiriéndose a la educación el programa para
Escuelas Rurales del año 1949, define: “La educación es un hecho social por el
cual un grupo humano transmite a las generaciones que lo suceden, su cultura e
ideales. Esta transmisión está condicionada por el medio natural y por el
desarrollo económico y cultural de los pueblos, y se realiza de acuerdo a fines
de superación”.
Ese llamado está condicionado también por el
desarrollo económico y cultural de los pueblos tal como se expresa ya en 1949.
Siete décadas después, ese condicionamiento dibuja una Viudita Blanca en el
pecho de los pobladores rurales actuales y como almas en pena esperan recobrar
su utopía, aquella que les devuelva la esperanza. Tonta o inteligentemente,
estamos convencidos de que quien pueda y deba devolvérsela sea la escuela
rural. Y que el camino sea la revitalización de esa escuela productiva y
decimos revitalización porque entendemos que la escuela rural es por definición
productiva en tanto exista una condición: que el maestro y su comunidad generen
conocimientos que no sólo se mercantilicen sino que aporten, produzcan modos de
ser y estar en el medio, en su medio de manera sustentable y sostenible. Y
quizá hoy, ese sea el bien mayor para nuestras generaciones. Pero esa
revalorización así como antaño acompañó a las Escuelas Granjas, hoy debe
acompañar a la escuela rural con aporte técnico, didáctico y sobre todo
material, con infraestructura, con recursos humanos y de los otros, con pienso y sueño colectivos, con manos que
trabajen, que abracen proyectos, o que simplemente los aplaudan, que dialoguen, que acuerden, que empoderen,
que devuelvan razones para quedarse en
este pedacito de cielo en el que aún seguimos creyendo. Y finalmente,
encuentren en ese largo vagar de Viudita Blanca una excusa perfecta y amorosa
para estar y crecer en y desde ésta, nuestra ruralidad.
Web y bibliografía:
·
“Programa
para Escuelas Rurales” 1949. Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal.
·
“Dos
décadas en la Historia de la Escuela Uruguaya” El testimonio de los
protagonistas. Cap. I: El movimiento en favor de una nueva escuela rural.
Miguel Soler.
·
Ferreiro,
Agustín. “La enseñanza primaria en el medio rural”.
Escuela productora de sentidos, de saberes, amplificadora y guarda de voces. A través tuyo somo participes y compartimos un espacio de aprendizaje todas la personas que nos acercamos a este blog.
ResponderBorrarMuchas gracias Vale por la valentía del compartir, del salir del lugar asignado del silencio y lo invisible, hay tanto para aprender desde otros lugares de los sentidos que por tu espacio de aprendizajes circulan.
Un placer leerte y que esto se siga moviendo. Soy una una fiel creyente de la fuerza de cada diminuto movimiento. La oportunidad de expansión de una idea es inconmensurable.